Mi ratito de mirar al abismo

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Permítanme que empiece este análisis del partido en A Malata hablando un poco de cine. Y es que un servidor nunca terminó de entender el género de Terror. Uno se prepara para una película que, seguramente será mala, y en la que el único objetivo es que el espectador lo pase mal, que se lleve unos cuantos sustos y que finalmente sienta alivio cuando lo peor ha pasado. En eso se ha convertido la mayoría de las veces ver un encuentro del Pontevedra este año. Lo empiezas sabedor de que eres valiente y tu corazón aguantará los posibles sobresaltos que se vengan, con la ventaja de que ya se conoce por anticipado cuál es el monstruo que nos hará sufrir. Pero los sustos llegan, te duelen a sabiendas de que se veían venir y al final vuelves a preguntarte por qué diantres no elegiste otra cosa mejor que hacer un domingo por la tarde. Hoy, domingo de carnaval, con mi refresco y mis frutos secos, tuve mi particular ratito para ver hacia el abismo.

Los once sanos

Y el elenco para esta película de terror convertida en derbi lo completaron los once jugadores que estaban en condiciones de jugarlo. Literalmente Toni Otero tenía a 13 futbolistas del primer equipo válidos físicamente para salir de inicio en A Malata y, como tres de ellos eran porteros, la alineación se hizo sola. Un once titular con cuatro centrales, ningún nueve puro y salpicada de futbolistas teóricamente suplentes. La sorpresa fue quizás ver a Derik en el lateral derecho, pasando entonces a Churre a la izquierda para no perder a Álex en la zona ofensiva.

Otra de las sorpresas fue comprobar que los problemas burocráticos con el recién llegado Gonzalo Bueno ya están resueltos. El de Uruguay estaba sentado en el banquillo pero, como ya anticipaba Toni, no está para jugar. Berni, futbolista del filial que entró en convocatoria por las ausencias de Charles y Seoane de última hora, le pasó por delante para ayudar desde el banquillo.

Como buena película de miedo, tenía que haber bajas. Y la víctima de este encuentro fue el propio Derik, lesionado por su sobreesfuerzo para sacar el balón bajo la línea de gol en la primera parte. La saturación de la enfermería granate va en camino de declarar la situación de alerta sanitaria en el área de Pontevedra.

Derik es la nueva víctima de esta peli de terror constante

Sin excusas

Podríamos ser como nuestro entrenador, retorcer el mensaje y elaborar un perfecto discurso de partido lubricado en lágrimas para hablar de la tremenda injusticia que es perder un partido por un gol que seguramente fue anotado en posición ilegal de Manu Justo. Sin dejar de ser verdad, no son más que excusas de mal pagador. De nuevo la imagen del Pontevedra fue la de un equipo que trató de salir a no perder y que apenas dio trabajo al portero rival.

Hemos escuchado ya muchas veces eso de que «el Pontevedra no ha sido inferior a su rival», pero lo importante aquí y lo que gana partidos la mayor parte de las veces es ser superior a quien tienes enfrente. ¿Cuántas veces hemos podido decir eso esta temporada? El resultado hace justicia a lo vivido en A Malata, aún siendo bastante mediocre el partido del Racing. Flaco favor se ha hecho nuestro técnico negando que antes del gol el Racing mandó un balón al palo y Derik evita dos goles cantados.

¿Actitud?

El manido discurso de la actitud ya se agotó después de las primeras semanas con Toni Otero. Lo cierto es que en eso que el ex director deportivo bautizó como actitud, el equipo ya no pierde. Me gustó la intensidad con la que el equipo salió en la primera parte. Con todas las limitaciones del mundo, el Pontevedra llegó a ganarle la partida al Racing en algunos momentos del primera acto. Lo hizo por intensidad y acumulación de efectivos, pero siendo totalmente inofensivo de medio campo para delante. El plan de salir a no perder estaba resultando hasta ese desgraciado gol en contra y, dicho sea de paso, mientras le duró la gasolina a este Pontevedra cogido con pinzas.

Las secuelas

Por desgracia para los de corazón ya debilitado de tanto sustos, a esta película de terror todavía le quedan muchas secuelas. Si Castilla, Celta B o Ferrol nos han parecido monstruos de películas de alto presupuesto, el colista Ceuta es la madre de todos los villanos. La previa del «mes de marzo en el que se juegan las cosas importantes» comienza con la visita del Bayern ceutí, un equipo en las antípodas deportivas de lo que demuestra su clasificación y que viene de meter cinco goles al Rayo Majadahonda. Lejos de pensar en salir del descenso, en lo que yo pienso de cara a la semana que viene es en no ver a mi equipo de colista.

La jornada ha sido nefasta para nuestros intereses. Ganando no se salía de la zona de descenso y ahora estos puestos se vuelven a poner a dos partidos de distancia. Marzo sí será un mes definitivo.

Ferrol no es ciudad para previas

Quería cerrar este análisis hablando de algo que nada tiene que ver con lo ocurrido en A Malata. Y es que me preocupa la deriva a la que nos está llevando el fútbol si uno quiere ver a su equipo lejos de su estadio. Uno no deja de sorprenderse cuando dicen que no se puede vestir la camiseta del rival en algunos campos de Primera. Tampoco puedo entender qué tiene de malo disfrutar de una completa jornada de fútbol con sus cervezas y su comida en la ciudad en la que juega tu equipo. En Ferrol parecía que la única opción válida era la de ir directo al partido, sin desvíos.

Retener a un grupo de personas, sean de donde sean, en un área de servicio durante horas para impedirles disfrutar de una previa en condiciones no es normal. Más cuando hace tan solo una semana un grupo de aficionados de ideología más que cuestionable se paseó impunemente por la ciudad del Lérez sin un mínimo control. Más sabiendo que, a quien escribe estas palabras, le impidieron hace no tantas temporadas tomar algo en la Plaza de la Verdura de Pontevedra porque allí estaba la afición del Racing bien protegida por los cuerpos de seguridad.

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