La Ruina

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En el día de ayer un servidor que escribe estas líneas podía decir que tenía algo mejor que hacer que ver sufrir con el Pontevedra frente a la pantalla del ordenador. Tenía entradas para ver un espectáculo que se emite semanalmente en formato podcast y que se llama La Ruina. La Ruina tiene una dinámica en la que la gente sale a hablar con los presentadores para contar una anécdota negativa que le ha ocurrido a lo largo de su vida, su particular ruina o vergüenza personal. Pues bien, el Pontevedra CF de esta temporada es la particular Ruina para todos los granates a los que nos duele el club (seamos o no accionistas).

Ayer he aprendido que, para no sufrir con nuestro equipo, lo mejor es casi no verlo. Mirar el resultado de reojo y ser un completo inconsciente de lo que ocurre en el campo. Después te pones el audio de la rueda de prensa de Antonio y te quedas tranquilo sabiendo que fuimos dominadores pero que no hubo suerte con el resultado. Fin. No hace falta confirmarlo viendo el partido en diferido para sacar tus conclusiones.

Pero uno tiene alma masoquista y estaría feo no ver el partido para hablar de él en este primer análisis que hago para la web de PontevedraCF.Net. Así, que con un desayuno ligero para que no se me indigestase, me dispuse a ver la derrota en Salamanca sin la ilusión del que espera ver algo positivo.

Enésima alineación

Ya no es una noticia que Antonio nos sorprenda con una alineación totalmente novedosa. Rufo era baja obligada, por lo que Charles volvió al once titular sin que eso cambiase un ápice nuestra efectividad de cara a puerta. Se insistió con los tres centrales y con extremos ejerciendo de carrileros. Las novedades estuvieron en el cambio entre Luis y Derick, que debutaba como titular, y la sorpresa mayúscula de ver a Román sentando en el banquillo. Parece ser que no estaba para jugar por un proceso febril, después en la segunda parte resulta que sí estaba para «cazar balones». Borja y Masogo acompañaron a Yelko en el centro del campo por delante de los tres centrales en ese esquema 5-3-2 que parece que ha venido para quedarse tras la Copa del Rey.

La ocultación de información en el capítulo bajas cuando se pregunta expresamente por ello en rueda de prensa a Antonio es ya marca de la casa en Pontevedra. El jueves nadie tenía gripes y el sábado se cae Araujo de la lista y Román dice que no está para jugar.

Somnífero en el vestuario

A uno le cabe preguntarse qué pasa en los vestuarios del Pontevedra. Quizás los discursos de Antonio no sean lo suficientemente estimulantes o la música que ponen allí dentro es demasiado chill. Lo que es una evidencia es que al Pontevedra le cuesta arrancar los partidos tanto en la primera parte como en la segunda. El inicio de Unionistas fue mucho mejor que el granate y a los tres minutos casi anotan el 1-0 en un disparo de Juampa en el que remata solo dentro del área.

Lo mismo ocurrió tras el paso por vestuarios pero con mejor puntería para los de Salamanca. Falta lejana, mala defensa en la segunda jugada y gol en contra. Una losa enorme para un equipo con los problemas de gol que es el Pontevedra. Acabamos la primera parte perdonando el 0-1 en el último minuto y empezamos la segunda encajando el 1-0 en el primero.

Sin gol no hay fútbol

Decía un antiguo eslogan de un canal de televisión que recientemente ha regresado en formato de pago que «sin gol no hay futbol». Quizás no se ajuste demasiado a lo que vemos muchas veces en el PCF, porque fútbol en el equipo sí hay, pero el gol brilla la mayor parte de las veces por su ausencia. Dudo mucho que los aficionados de Unionistas regresasen ayer a sus casas con una idea clara acerca de si su portero suplente, ayer titular por sanción del meta habitual, es o no válido para defender la portería de su equipo.

El ejemplo del Reina Sofía fue uno más. Nuevamente adolecemos de efectividad en las áreas y de perdonar las ocasiones claras de las que disponemos. Ante el Badajoz fue Rufo quien perdonó una oportunidad clarísima para hacer el empate y ayer el que no vio puerta fue Charles en un cabezazo desviado que fue la mejor (y única) ocasión de los lerezanos para sumar algo positivo en Salamanca. Era el tiempo de añadido de la primera parte y la posibilidad de anotar ese gol de los llamados psicológicos.

No hay plan B

El Pontevedra CF tiene una plantilla corta. Resulta paradójico decir esto aun cuando todas las fichas (menos una Sub23) están cubiertas, pero la sensación una semana tras otra es la de que Antonio no tiene recursos en su banquillo para poder cambiar realmente los partidos que se ponen cuesta arriba. El febril Miguel Román y un Rubio que venía de algunas semanas de inactividad por su operación en la mano eran los únicos teóricos titulares para buscar la remontada. Su ingreso al verde no se notó para bien, como tampoco se notaron los cambios de Bakero, Martín Diz o Luis.

Se evidencia, más si cabe, la necesidad de que el equipo se refuerce en un mercado de invierno que se antoja como imprescindible para que pueda haber cambios reales en el devenir de la temporada. Hacen falta fichajes, y no pocos, para revolucionar el ataque y paliar esa falta de gol. Antonio necesita tanto titulares como revulsivos con capacidad de cambiar partidos desde el banquillo.

Lo cierto es que en la segunda parte estuvimos más cerca de ver un 2-0 que un verdadero empate del Pontevedra. Pablo Cacharrón hace mediado el segundo acto una gran parada en el uno para uno que permitió que al menos los de Antonio llegasen al tiempo final con la posibilidad de meter el miedo en el cuerpo a su rival directo por el descenso.

Las estadísticas son crueles. El Pontevedra acabó la primera parte con 3 tiros, solo uno de ellos a puerta. Al final de los 90 minutos solo creció uno de esos números, el de tiros. Un único disparo en los segundos 45 minutos en los que había remontar y ni siquiera tuvo buena dirección.

No caminaron solos

Lo mejor que se puede decir de la tarde de ayer es que, una vez más, el equipo no caminó solo. Un pequeño pero fiel grupo de aficionados desplazados por su cuenta desde la ciudad del Lérez y también desde otros puntos de la geografía española se acercaron hasta Salamanca para dejar sus gargantas por su equipo. Este fue, es y será el verdadero patrimonio del club tenga o no tenga un mínimo paquete de acciones en su poder. Tened por seguro que, quien se deja sus cuartos y su tiempo libre en desplazarse hasta Salamanca a ver un partido en enero estando en puestos de descenso, estará también el año que viene animando al equipo en Primera o en Segunda RFEF. Eso sí que no hay dinero que lo pague.

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