El empate (1-1) ante el CD Lugo dejó al Pontevedra CF con un sabor amargo. Así lo reconoció su entrenador, Rubén Domínguez, que compareció en sala de prensa con un mensaje claro: el equipo hizo méritos para ganar y el punto sabe a poco.
“No estamos satisfechos. Creo que hemos merecido ganar. Creo que hemos hecho todo para ganar”, afirmó el técnico, convencido de que los suyos fueron superiores en buena parte del encuentro. Según su análisis, el Lugo apenas generó peligro real. “Creo que el Lugo ha hecho un tiro a puerta”, subrayó, destacando que el Pontevedra llevó el peso del partido incluso en un escenario complicado.
Dominio sin premio
Para Domínguez, la clave estuvo en dos momentos concretos. El primero, la falta de acierto en la primera parte. “No tuvimos acierto para todas las situaciones de juego que se hicieron en campo rival”, explicó. El segundo, la gestión posterior al 1-0. Tras adelantarse en el marcador, el técnico considera que el equipo debió controlar mejor los minutos siguientes: “Esos cinco o seis minutos tras el 1-0 deberíamos haberlos gestionado mejor”.
El empate llegó en una acción que el entrenador calificó como “desgraciada”, aunque asumió responsabilidad colectiva. “Es una acción que tenemos que corregir, está claro que es cosa nuestra”, señaló.
La polémica final
El encuentro terminó con tensión, especialmente en la última jugada y con la expulsión de Alberto Gil. Sobre la acción decisiva, Domínguez evitó entrar en exceso en la interpretación arbitral: “Es una jugada que no es muy clara. En las cosas de interpretación no me meto”.
Sin embargo, fue contundente respecto a la expulsión: “No permito que se inventen cosas. Alberto Gil no fue quien tiró la botella. Si ponen eso en el acta, están mintiendo”. El técnico quiso dejar claro que no suele hablar de los árbitros, pero sí marcar una línea cuando considera que se falta a la verdad.
Orgullo y ambición
Más allá del resultado, el mensaje final del entrenador fue de orgullo y compromiso. “Estad más orgullosos que nunca de este equipo”, lanzó a la afición, convencido de que el grupo seguirá compitiendo hasta el final. “Nos vamos a dejar el alma por conseguir el objetivo”, añadió.
En cuanto a la sensación final, no dudó: “Como de perder dos, de perder dos”. Un empate que no satisface, pero que mantiene al Pontevedra en la pelea y refuerza la idea de un equipo que, incluso en días de frustración, no baja los brazos.