El Pontevedra CF afronta este fin de semana en Pasarón un partido marcado por la emoción y el contexto. La visita del Real Madrid Castilla, uno de los pocos equipos capaces de derrotar a los granates en la primera vuelta, llega apenas unos días después de confirmarse la grave lesión de Tiago Rodríguez, un golpe duro para el vestuario en un momento clave de la temporada.
Rubén Domínguez no escondió el impacto que ha tenido la noticia en el grupo. “Estamos devastados”, reconoció el técnico, visiblemente afectado, poniendo el foco no solo en la pérdida deportiva, sino en la humana. “A Tiago nadie le regaló nada. Todo lo que ha conseguido se lo ha ganado él”, explicó, recordando una trayectoria construida a base de perseverancia y esfuerzo, justo cuando el jugador parecía haber encontrado su sitio y estaba mostrando todo su potencial.
La lesión del mediocentro obliga al club a replantearse escenarios. Aunque la llegada reciente de Rubén López aportó fondo de armario y competencia interna, el entrenador admitió que la situación cambia el tablero. “Ahora tenemos que revalorar el mercado”, señaló, dejando claro que una baja de este calibre puede forzar nuevos movimientos.
Pese al mazazo, el discurso del entrenador mira al frente. El Pontevedra llega a esta jornada instalado en una dinámica sólida, con una sola derrota en los últimos quince partidos de liga. Para Domínguez, el equipo ya superó un primer punto de inflexión semanas atrás y ahora se encuentra ante otro reto. “Hay que soñar”, afirmó sin rodeos. Con una ventaja amplia respecto al descenso y un rival directo enfrente, el técnico no rehúye el contexto: el partido ante el Castilla puede servir para reforzar esa ambición colectiva de mirar más arriba.
En el apartado físico, el cuerpo técnico sigue pendiente de varios nombres. Álex continúa buscando un tratamiento definitivo para una lesión “especial y rara”, Alin estará todavía entre dos y tres semanas de baja por una rotura en el aductor, mientras que Garay ya ha completado una semana normal y estará disponible para entrar en dinámica competitiva.
El césped de Pasarón, castigado por las últimas semanas de temporales, volvió a aparecer en la conversación. Domínguez fue tajante: “No va a ser una excusa”. El entrenador insistió en que el equipo debe adaptarse y convertirlo en una fortaleza, aunque reclamó que un estadio como Pasarón “estaría mucho mejor acompañado de un campo de juego a la altura”.
Enfrente estará un Castilla al que el técnico definió sin rodeos como “un equipazo”. Un filial cargado de talento joven, con futbolistas que, según Domínguez, “muchos veremos en Primera División en el futuro”, y que mantiene una línea de juego muy similar a la de la primera vuelta. Un rival directo, con calidad y proyección, que pondrá a prueba el momento del Pontevedra.
Por último, el entrenador lanzó un mensaje claro a la afición en una jornada que se jugará en domingo por la tarde. Espera una buena entrada, pero sobre todo pide compromiso. “Los que vengan, que vengan a sumar”, insistió. Para Domínguez, el reto es colectivo: soñar juntos, empujar en los momentos difíciles y convertir Pasarón en un aliado en un partido que puede marcar el rumbo de lo que queda de temporada.