El entrenador del Pontevedra CF, Rubén Domínguez, analizó el empate 1-1 ante el CD Arenteiro en Pasarón en un partido que calificó como “denso”, más marcado por el contexto y la disputa que por la fluidez en el juego.
Domínguez reconoció que no fue el mejor día del equipo, especialmente durante la primera media hora, aunque destacó que tras el gol visitante el Pontevedra encontró uno de sus mejores tramos del encuentro. Con el largo descuento de la primera parte, el técnico vio al equipo crecer durante unos doce o quince minutos en los que logró empatar rápidamente y asentarse mejor en el partido.
En la segunda mitad, el encuentro avanzó a base de arreones. El Pontevedra terminó volcado en campo rival, con fases de dominio alternadas con momentos de imprecisión, algo que el entrenador achacó en buena parte a las condiciones del terreno de juego. Domínguez subrayó la dificultad de jugar en un campo muy pesado, con zonas embarradas que penalizaron controles y pases sencillos, aunque puso en valor que futbolistas como Yelko Pino, Tiago Rodríguez o Montoro lograran, en determinados momentos, darle continuidad al juego.
El técnico explicó que el gol encajado actuó como un punto de inflexión emocional. Hasta entonces, el equipo no se encontraba cómodo, pero el 0-1 provocó una reacción inmediata: se perdió el miedo a fallar y el Pontevedra empezó a jugar con más valentía, sin red, aceptando el riesgo y encontrando el empate apenas tres minutos después.
A nivel táctico, Domínguez detalló el planteamiento inicial, con Emil partiendo desde el extremo para dar amplitud y Abido complementando por dentro, mientras que en el otro costado se buscaba mayor presencia en el área con el apoyo de Expo por fuera. Reconoció que el equipo no terminó de sentirse cómodo en varias fases del partido, algo lógico, en su opinión, por el tipo de encuentro y el rival, pero insistió en que no hay nada que reprochar a los jugadores en cuanto a entrega y compromiso.
El entrenador apeló a la humildad para entender la dificultad de este tipo de partidos, pero también a la ambición para mejorar lo que no se hizo bien. Recordó que el equipo acumula siete semanas consecutivas puntuando, con 17 puntos de los últimos 21 posibles, y pidió no dramatizar por un empate en un día gris. “No creo que por un día que no estemos del todo bien haya que hacer sangre”, afirmó.
En el apartado físico, explicó que Tiago Rodríguez sufrió un golpe rodilla con rodilla con el pie clavado y que habrá que ver su evolución. También señaló que ni Alberto Gil ni Brais se encontraron con un partido sencillo, ya que ambos regresaban tras lesión y el encuentro estaba muy abierto, aunque consideró que estuvieron en la línea del equipo.
Para cerrar, Domínguez quiso poner en valor el rendimiento global: incluso en un día poco brillante, el Pontevedra generó tres o cuatro ocasiones claras de gol. El reto, señaló, es que en los días menos inspirados el equipo esté mejor equilibrado, evite pérdidas sencillas y no alimente al rival. “El día malo es día malo”, concluyó, “pero hay que seguir generando y estar mejor ubicados”.