El Pontevedra pierde en la lotería de los penaltis ante un Cádiz descafeinado (0-0)

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Qué bonita es esta nueva Copa del Rey, y el que lo niegue es que no le gusta el fútbol y solo quiere ver ganar a los equipos grandes. El Pontevedra le ha plantado cara al Cádiz en esta segunda eliminatoria de la Copa y pudo llevarse el partido, pero al final decidió la lotería de los penaltis en el último lanzamiento, quedando 4-5 ante todo un Primera División.

Como había dicho Cervera en la previa, el equipo gaditano venía con los jugadores menos habituales a intentar pasar de eliminatoria. Y aunque eran los jugadores menos habituales, vinieron a competir y a llevarse la eliminatoria, ya que a ningún equipo de Primera le gustaría verse apeado de la Copa ante un Segunda B. Y así lo hicieron… o al menos lo intentaron, porque pese a que en la primera parte tuvieron un par de ocasiones claras para adelantarse en el marcador, toda la pólvora se quedó en un paradón de Álvaro Cortés y un palo que escupió el balón a saque de puerta.

Y es que aunque la eliminatoria única da emoción, los dos equipos se jugaron de tú a tú, respetándose y no dejando más metros de los debidos para que el otro tuviera oportunidades. En la primera parte el Pontevedra solo aguantó viendo lo que hacía el Cádiz, pero en la segunda los de Jesús Ramos intentaron más, jugando mejor que los del Sur. Destacar los minutos que jugó Martín Diz, teniendo una movilidad muy alta y muchas intenciones, lo malo es que en los metros finales el delantero nunca pudo completar las jugadas que intentaba hacer.

El minuto 50 llegó con un cambio triple que algunos pueden no entender del todo. Ramos sacó a Martín Diz, Óscar y Jorge y dio entrada a Xisco, Oier y Rufo. Un cambio que igual buscaba dar minutos a los que van a jugar el domingo y que nos trajo la curiosa estampa de ver a Xisco actuando de mediocentro en vez de en la defensa, donde Pol y Churre hicieron un papel más que notable.

Los minutos pasaban y el Cádiz estaba completamente desaparecido, como si no tuviera ganas de jugar el balón. Todo lo contrario el Pontevedra que, dentro de sus capacidades, intentaba jugar siempre en el campo del Cádiz y provocar ocasiones que le dieran ese gol que necesitaba el partido. Las intenciones se quedaron en eso ya que salvo un par de tiros desde fuera del área, el Pontevedra no generó ninguna ocasión de peligro a la portería cadista.

Y llegó la prórroga, ese tiempo extra que si no ha habido goles no suele ser muy emocionante, pero para los locales sí que lo fue ya que el Cádiz se limitó a esperar a los granates y con eso llegaron las ocasiones para los de Jesús Ramos. Vimos más centros con intención en el tiempo añadido que en todo el partido, sobre todo de la mano de Álex González que hizo un partido sobresaliente. Imanol tuvo la victoria en sus botas con un remate a la media vuelta que pudo ser el partido, pero David Gil estuvo atento como portero de balonmano y la despejó a corner.

Con el final de la prórroga y el empate a 0 llegó la tanda de penaltis. El momento más injusto que tiene el fútbol y que cayó de la mano del equipo visitante. Después de haber metido 4 lanzamientos, Churre lanzó el último antes de llegar a la muerte súbita y David Gil le adivinó el tiro. Nada se le puede objetar al central. Para fallar penaltis hay que tirarlos y no hay más que decir.

Los granates pueden irse con la cabeza muy alta después de haber competido de tú a tú ante un Cádiz que le pesaron los kilómetros que traía encima. Ahora solo queda descansar y recargar pilas para el domingo, que nos espera una victoria ante el Guijuelo.

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