Peseteros

Cuando tres años después de su marcha Rubén Reyes volvió del Rayo Vallecano, la mayoría de los granates pusimos el grito en el cielo. No se entendía como un jugador que se había tachado de traidor desde el Consejo de Administración podía volver a vestir de granate, como si no hubiera pasado nada, como si su marcha al Rayo Vallecano no hubiera sido, como se dijo en un duro comunicado por parte del Consejo de Administración, simplemente por dinero.

Pesetero se le llamó. Traidor se le gritó. Pero lo cierto es que lo único que hizo Rubén Reyes fue mirar por su futuro y el de su familia. Y en eso estamos este año otra vez. Las marchas de Alegre o Loureiro shan hecho que ese sentimiento de rabia ya olvidado haya vuelto a brotar en la mayoría de los granates. Y es ese color granate el que quizás nos nubla la vista en muchas ocasiones. Porque el fútbol es sentimiento y pasión, pasión por unos colores que representan unos valores que queremos defender allá donde vayamos, pero también es el futuro de mucha gente, tanto de futbolistas como de técnicos. Y ese futuro puede ser solo querer estar más cerca de nuestra familia o la posibilidad de que se abra la puerta hacia el fútbol realmente profesional.

La intensidad con la que vivimos el fútbol es maravillosa, es algo que nos hace sentir vivos y por la que vale la pena ir cada quince días al estadio. Pero también es algo que nos hace perder mucha perspectiva. Por eso, antes de enfadarnos por la marcha de un jugador, deberíamos pensar antes dos veces qué puede haber detrás de esa persona. Haciéndolo entenderemos que aunque el escudo importa, no todo vale en este loco mundo que es el fútbol.

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