Ya llovió desde la última vez que escribimos en esta columna. Y aunque no lo ha hecho tanto como quisiéramos, meteorológicamente hablando, en lo futbolístico nos hemos encontrado con un tiempo demasiado variable que nos ha llevado a una situación tremendamente inestable.

Al final de la temporada pasada nos preguntábamos en estas mismas líneas qué iba a ocurrir con el equipo que había demostrado tanto. Defendíamos que no se desmontara una plantilla que tenía una increíble comunión con la grada y que sabía cómo había que comportarse vistiendo una elástica como la granate. Lamentablemente, por unas cosas u otras, nuestro deseo no se cumplió y del equipo del año pasado quedan solo las migajas. Unas migajas que, salvo bajo palos, sufrieron una transformación tan negativa que los hace irreconocibles.

Pero vayamos a lo importante, a la cuestión de las pelotas. Si son grandes o no. A nosotros no nos gusta hablar de estas cosas, pero ha sido nuestro entrenador el que ha sacado el tema de que si los que critican a la directiva, que no al equipo, tienen un tamaño o no considerable de eso, de pelotas. Sexismos aparte ,aquí solo tenemos que decir que da igual el tamaño, lo que importa es que las pelotas de los que estamos en la grada son granates y eso, señor Míguez, es lo que importa.

No vamos a quitarle razón: hay que tener valentía para invertir lo que ha invertido nuestra señora presidenta, pero también hay que darse cuenta que un equipo no es solo una presidenta y su dinero personal, sino que es una masa social que lleva mucho más tiempo que la inversora apoyando al equipo y pasando penas y alegrías y gastando. Porque sí señor entrenador, los que gritamos cada domingo en Pasarón puede que no tengamos 800.000 euros para hacer una inversión de riesgo en una sociedad anñonima, pero sí que hemos gastado cosas. Hemos gastado días de vacaciones, tiempo con la familia, nuestra salud por estar al frío y a la lluvia y tiempo y dinero a la hora de desplazarnos para apoyar al equipo. Y eso ha sido durante muchos años. Muchos más años de los que lleva la presidenta en el cargo.

Así que dejémonos de pelotas y vayamos más allá: defender a la presidenta no nos parece mal, ya que pude ser hasta adecuado viendo la situación;  pero lo que no podemos defender es que se utilice una crítica tan irracional como cortina de humo de lo importante: el equipo no juega a nada. No juega nada porque se ha hecho una muy mala planificación deportiva, tirando la moneda al aire en fichajes de jugadores que se sabía que iban a ser baratos porque tuvieron un mal año. Se creía que ese año malo era pasajero y que los fichajes iban a salir redondos y no ha sido así. Así que igual en vez de criticar a los que están ahí dia tras día (y que cuando todo va bien se pide su  apoyo), quizás es mejor hacer más autocrítica, hablar claro y buscar las soluciones.

Porque las pelotas son las que tienen que rodar en el campo y, lamentablemente, hace tiempo que en Pasarón solo vemos patadones sin sentido.